18 junio 2009

Caballos perdidos en Okochochi

20:41






Por las mañanas el lugar amanece con una densa neblina, lo cual pronostica la intensa lluvia que se aproxima por la tarde; a unos kilómetros se hallan las gigantescas rocas que rodean los valles, entre cascadas y riachuelos que alimentan y dan vida a los pueblos; cimas despobladas que albergan a unos cuantos que trabajan la tierra, callados y en ocasiones alegres al calor de las fogatas y el ligero tesgüino, vehículo de comunicación social.

Así se vive en la “tierra de pinos”, en Okochochi.

Y es esta comunidad indígena rarámuri donde los cineastas Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán realizan el rodaje de Cochochi donde la historia de dos niños recién salidos de la primaria se ve llena de la cotidianeidad de un pueblo que lucha por conservar su identidad.

¿Qué ocurriría si Evaristo y Luis Antonio (Tony), protagonistas de la cinta, pierden el caballo del abuelo que les ha mandado hacer un encargo?, eso es lo que descubrirán los pequeños habitantes de la sierra tarahumara. En su travesía por las barrancas y caídas de agua para llegar con la tía-abuela y dejarle una medicina, Evaristo y Tony sufrirán la pérdida del caballo blanco del abuelo que tomaron sin permiso, de la separación de caminos de los dos, y una serie de eventos que registran la vida de las comunidades indígenas arraigadas a la sierra.

Cochochi es muestra de un cine que usa el relato y el documental como figuras que caracterizan esta cinta. La película tiene otro agregado: es hablada completamente en rarámuri; esto le ofrece un sentido original y respeto al idioma de los protagonistas no profesionales que hasta participan en la realización de los diálogos, lo que le proporciona a este trabajo la posibilidad de escuchar las expresiones tal y como serían usadas en la situación-problema que sugiere el filme.

Los pobladores de San Ignacio, Chihuahua nos abren al “día a día” en el que se sumergen los tranquilos campesinos que ofrecen la posibilidad a su descendencia de continuar con una formación educativa u optar por el campo que tanto les ha dado, asunto que es plasmado al final de la cinta en un intercambio de nombres que le permiten a cada uno de los niños tomar el rumbo que prefieren.

Una película que habla de aquel mundo paralelo del que vivimos como entes citadinos, un espacio que vive en la discreción, que escucha la radio algunas veces y calla, porque de esa forma puede y que conserve ese poquito de ese concentrado original que aún le queda.

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