13 marzo 2009

De un bus a un estudio

11:20


Por Geovanni León


Una guitarra, caja acústica donde resuenan las notas, las melodías de las delgadas y tensas cuerdas que se mueven con el contacto y movimiento de los dedos de David. Una voz, que algunas veces susurra y otras grita, exclamando amores perdidos y hasta de protestas sociales, de injusticias. Voz que calla cuando es necesario que la guitarra hable, voz que juega a la canción rítmica con el cajón sonoro. Y la voz, también es de David.

Nacido en la húmeda y de repente calurosa ciudad de Minatitlán, Veracruz, su nombre es David Márquez, algunos le dicen el “Gämbo” (Si, con todo y diéresis), él prefiere el último. Su música suena como a los acústicos del Blues, como a los rápidos ritmos del rock, como a la letra tierna de la balada, como al ligero decibelio del bossa nova.

A un lado de la carretera que va a Coatzacoalcos, mientras espera el autobús donde quizás reciba unas monedas por las melodías que interpreta, afina a su inseparable guitarra, un poco descolorida, pero que todavía “da para rato”.

“El mundo gira como siempre en la ciudad, la gente pasa sin poderse escapar. Las calles infestadas en un reino animal…Y beso el asfalto de la gran ciudad. Miro a lo alto, como el día se me va”, resuena en el “Quetzalcóatl” (Línea de autobuses que van a ciudades locales). La guitarra se oye como nunca, las cuerdas de metal hacen un sonido pegajoso que hasta el conductor le ha dado una moneda a David por su interpretación.

David apenas tenía 12 años cuando descubrió que la música se convertiría en su amante de la vida, en su pasión, que a través de ella podía expresarse plenamente, que hacía feliz a la gente con un mensaje consciente y rítmico, que su voz encajaba con las armonías de su guitarra.

Cuatro años bastaron para que de forma empírica él aprendiera a tocar la guitarra para componer sus propias canciones, con compases que van de lo suave a lo estrepitoso, sin problemas para hacer uso de ello, sujeto a su necesidad del matiz con el que desea plasmar una idea, un pensamiento, una historia.

No hay más, una guitarra y su voz, algunas veces se cuela una armónica o un bajo, pero apenas y se perciben entre la fuerza acústica del instrumento de cuerda.

El “Gämbo” se ha presentado en algunos conciertos, ha grabado dos discos en producción independiente, pero su música se sigue escuchando en los camiones que van de “Coatza” a “Mina”.

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